viernes, noviembre 10, 2006

Así les gustaría a una tercera parte el país. JA

La familia es primero
Ricardo Raphael
10 de noviembre de 2006

Lo que nos faltaba. Ahora resulta que los revoltosos también quieren reformar a la institución familiar. ¡Pero si estábamos tan bien! Qué linda era aquella sociedad mexicana de las películas de Joaquín Pardavé y Sarita García. Una fotografía enternecedora, perfecta, en blanco y negro, donde el papá y la mamá, la abuelita y la tía, los niños y las niñas, todos, ocupaban exactamente el lugar que por la bendita tradición les correspondía.

Y en cambio ahora: ¡qué horror! Aquella imagen perfecta puede terminar convirtiéndose en un espantoso cuadro como los que pintaba el loco aquel de Pablo Picasso o, peor aún, en un fresco escurrido y deforme como los del tal Salvador Dalí. Regresemos las cosas a su lugar: el padre a lo suyo que es mandar, la madre a la cocina, los niños a su recámara, la tía a los bordados y la abuelita a tomar todas las tardes su copita de jerez (que para eso ya tiene edad).

Las buenas conciencias no podemos permitir que unos cuantos libertinos vengan a quitarnos la poca decencia que nos queda. Para eso están las leyes, para evitar que la familia mexicana se corrompa. Para mantener pura y bien portada a nuestra comunidad. Hay que proponer una reforma vigorosa a nuestro Código Civil que nos proteja a todos de la disolución familiar.

Esa iniciativa legal a favor de la honestidad y los valores del mexicano primeramente habría de obligar a nuestros jóvenes para que, cuando se casen, respeten el principio de: "Hasta que la muerte nos separe". Resulta inadmisible que uno de cada tres matrimonios mexicanos termine disolviéndose antes de que se cumplan los siete años del casamiento. La nueva ley habría de castigar a los desertores del sagrado matrimonio.

En segundo lugar, las muchachitas mexicanas deberían andarse sosiegas. No es posible que la edad promedio del desvirgamiento femenino sea de 17 años, ni qué tan delicada situación ocurra mayormente fuera del matrimonio. Con todo el peso del Estado habrían de combatirse las circunstancias que promueven tanta ligereza. Prohibamos los condones, los libros de educación sexual, las conversaciones subidas de tono, los programas de Animal Planet y las telenovelas indecentes.

En tercer lugar, el padre de cada familia debe mantener el orden en su hogar. Por siglos los hombres de la casa tuvimos la última palabra. Y ahora resulta que en uno de cada tres hogares mexicanos el jefe de familia es una mujer. O peor aún, que en la frontera tal cosa sucede en la mitad de los hogares. ¡Increíble! Para que el hombre siga teniendo la última palabra es necesario que haya hombre, y para traerles de vuelta está la ley.

Luego, es bien sabido que si en algún lugar han de estar los hijos, ese lugar es con su madre. Por eso las bellas damitas han de evitar trabajar fuera de casa. Ellas tienen la responsabilidad de cuidar a los futuros soldados de la patria. Dios quiso que fueran esclavas de la virtud maternal y no es conveniente atentar contra la madre naturaleza.

Eso no quiere decir que los padres no se hagan cargo también de sus hijitos. Un beso de buenas noches antes de que los niños se vayan a dormir y una conversación esporádica con esas bestezuelas que tanta felicidad nos dan, son prácticas obligadas para un padre modélico. Por tal cosa es inadmisible que ahora se promueva esa atrocidad llamada "custodia compartida". Guardar a los niños es cosa de mujeres, y que los hombres ni se metan. Generaciones de niños han tenido un padre ausente y las cosas no están como para cambiarlas a estas alturas.

Por último, la única familia posible es aquella que se parezca a la del Niño Jesús: papá, mamá y el hijito. O a la familia IMPI, (¿recuerdan?), aquella bella imagen de los dos padres bendecidos por un niño y una niña. Ningún otro tipo de familia puede ser respetado, ni protegido por la ley. Mucho menos la integrada por dos personas del mismo sexo. Por eso, debería también quedar prohibido que esos diputadillos nacos y de cuarta propongan barbaridades tan nefastas como la llamada "sociedades de convivencia".

Con estas cinco propuestas convocamos a las buenas conciencias mexicanas para protestar frente a la Asamblea Legislativa del DF con el objeto de linchar a todo aquel que piense distinto a esa gran mayoría de gente buena que somos todos nosotros.

Profesor del ITESM

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