sábado, diciembre 16, 2006

El fantasma de López Obrador

Carlos Acosta Córdova
Proceso


México, D.F. (apro).- Felipe Calderón sorprendió en su primera semana al frente de la presidencia de la República, pero no porque haya hecho cosas o aplicado medidas que empiecen a cambiarle el rostro al país, a transitar hacia ese México próspero y ganador, que tanto prometió en campaña.

No. Sorprendió porque no se quita de encima el fantasma de Andres Manuel López Obrador. Lejos de eso, parece caminar con la sombra de aquél a su lado. Cuando habla, parece un López Obrador, aunque sin dientes y sin uñas.

Poco le faltó para decir “Por el bien de todos, primero los pobres”, pues su decreto de austeridad –con el que su redujo un 10% el salario y el de otros funcionarios de alto nivel-- y su programa económico, “con clara orientación social”, están diseñados –dijo-- para cubrir “la enorme deuda social con quienes menos tienen”.

Vaya, hasta se atrevió a usar palabras del prócer patrio favorito del “Peje”, Benito Juárez, y de otro héroe nacional, José María Morelos, para justificar la reducción del salario de los altos mandos del gobierno y la disminución de sus prebendas. Sí, como el excandidato perredista, dijo –acogiéndose al ideario juarista-- que los servidores públicos deben vivir “en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley señala”. Y del Siervo de la Nación, Don José María Morelos y Pavón, retomó: la ley “debe moderar la opulencia y la indigencia, de tal suerte que se aumente el jornal del pobre, mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto”.

Y ya con sus propias palabras, el día en que presentó el decreto de austeridad, descubrió que, “durante décadas, las autoridades han demandado a la ciudadanía ajustarse el cinturón y la ciudadanía lo ha hecho. Hoy el gobierno tendrá que ser el primero en aportar ese esfuerzo”.
Así, con tan profundas consideraciones y contundentes argumentos, el presidente Calderón decidió que los altos mandos del gobierno, aquellos que tienen percepciones brutas mensuales de entre 232,431 pesos (el salario integrado del presidente de la República) y 211,735 pesos (el salario de un jefe de Unidad, de la categoría más alta), verán reducido su salario en un 10%.
No sé si eso les alcance para tranquilizar sus conciencias, sobre todo si recordamos que el gran grueso de la población percibe salarios menores a los 10 mil pesos. Pero, bueno, algo es algo. El “Peje” le quería reducir el 50% a los salarios y los de otros siete niveles de mando en el gobierno, desde el presidente de la República hasta los directores de área.

Sorprende, pues –aunque se entienda el fondo político-- que la primera medida notoria que Felipe toma como presidente sea la respuesta no sólo a una insistente denuncia de López Obrador sino a una vieja demanda de legisladores del PRD que, desde 1998, sacaron a la luz el derroche de los dineros públicos en la alta burocracia, a través de sueldos escandalosos, prebendas y privilegios que resultan groseros en medio de tanta miseria.

Pero el colmo de esta semana inicial de Felipe como presidente iba a ser su primera gira de trabajo en los estados. Todo estaba previsto para que fuera en Metlatónoc, Guerrero, justo donde López Obrador inició su campaña electoral por la presidencia de la República. No faltó la televisora o la estación radiofónica que hasta trabajos especiales presentaron sobre ese municipio, el más pobre del país. Pero alguien en el equipo de Calderón hizo gala de cordura y, al final, decidieron que la primera gira sí fuera en Guerrero y en un municipio de los más miserables, pero con alcalde panista.

O el miedo no anda en burro, o alguien se percató de que se había caído en la exageración con tanta copia, “descafeinada” dijeron algunos, de los discursos y las acciones de López Obrador.

Vaya inicio tan original.

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