lunes, diciembre 18, 2006

POLÍTICA CERO - Jairo Calixto Albarrán

¿Quién se robó Disney Chanel?

Distraigo a vuestras mercedes, que a estas horas deben estar muy clavados en la muy navideña tradición mexicana de las ventas nocturnas, con teleofertón incluido, que dan comienzo a las 10 de la mañana, para hablar de un problema que es más importante que el muy efectista operativo jelipista en Michoacán, la rebatinga por los recortes presupuestales, cuya sensibilidad social es sólo comparable con la del inenarrable Ulises Ruin, o la lucha por el presupuesto de la maquinaria electoral (partidos, IFE, TEPJF, FelIFE y demás mercachifles), que aunque monstruoso es lo único que nos asegura los divertidos espectáculos que hemos presenciado este año: el secuestro y la eventual desaparición del canal televisivo Disney Chanel de las señales de Cablevisión y SKY, en un acto que atenta contra la estabilidad emocional de los padres de familia que ya llevamos dos semanas lidiando con la exasperación de nuestros hijos que, ante la falta de sus dosis de Mickey Mouse, han comenzado a comportarse como si fueran del Yunque y la APPO al mismo tiempo.

Para darles una idea, quitarles el Disney Chanel a las tribus infantiles es comparable al aumento al precio de refrescos y cigarros. Y es que, oiga asté, al gobierno federal tan humanitario que tenemos nada más le falta comenzar a cobrar por cada mentada, albur e improperios que sus medidas generen.

Según cuentan las malas lenguas, el problema con Disney Chanel tiene que ver con la serie de madrizas que la compañía del viejo Walt se está dando con SKY y Cablevision, en uno de esos ritos empresariales de máscara contra cabellera donde se decide quién es más macho. Para unos, el malvado Mickey Mouse es como una especie de Flavio Sosa de los empresarios que quiere, con los Padrinos Mágicos y Dany Phantom, esclavizar a quienes detentan la televisión de paga que, como bien sabemos, son más buenos que Lucerito en época de Teletón. Para otros, Pluto y Tribilín son los pequeños soldados del Vietcong que, heroicamente, se defienden de los impíos ataques imperialistas de los reyes del cable en México.

Pero como no hay verdadera certeza sobre los orígenes del dilema (las empresas son peor que policías chinos y más chillonas que pseudoestrellas frente a los paparazzi), lo único que se puede decir es que si no se repone a la brevedad el Disney Chanel, los niños y los papás de los niños y los papás de los papás de los niños van a organizar un guateque más perrón que el megaplantón del voto-por-voto-casilla-por-casilla y la toma de posesión de Jelipillo.

Aguas.

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